martes, 18 de agosto de 2009

Siempre a esta hora...


Hay una sensación particular que me invade en momentos determinados. La verdad, no se me ocurre por qué, pero les puedo asegurar que tiene que ver con la reciente creación de este espacio...

A veces durante el día, se tratan de explicar y entender tantas cosas que pareciera no alcanzar la puesta del sol para ordenar las ideas. Tal vez porque son demasiadas o quizás porque para algunos, pareciera que las desesperadas explicaciones no tuviesen sentido ni valiera la pena entenderlas. Personalmente, creo que cualquier declaración tiene relevancia y se merece el tiempo adecuado de maduración. Todas las palabras que producimos y que otros devoran con los sentidos, son como limones. Un limonero como el que mis abuelos conservaban, puede dar grandes cantidades de frutos; pero aunque la naturaleza se esfuerce por superpoblar su casa de ellos, no casualmente siempre sabían cuáles eran los que estaban maduros y cuáles no. El árbol, a cualquier altura del año les proporcionaba ese sabor particular para comidas o bebidas, pero el problema radicaba en que aquellos limones útiles (maduros), no estaban en un lugar específico, sino que debían tomarlos desde lo más alejado del piso como también de lo más cercano al mismo. Por eso, nunca hubiesen podido fiarse de arrancar estos últimos en primer lugar -simplemente por el hecho de resultar menos trabajoso-, pues habrían arruinado su crecimiento. En fin, el secreto estaba en saber elegir los que estaban listos.

La mayoría de las ocurrencias e ideas que atraviesan nuestra mente provenientes del exterior o a veces de lo más profundo, y que casi siempre queremos plasmar en algo que se pueda oír, son como limones. Muchas veces parecieran maduras, pero no por el hecho de que estén cerca del piso eso es verdad. Estoy seguro de que todos debemos haber sido emboscados por esta incontenible sensación de expulsarlas fuera de nosotros y en grandes ocasiones nos avergonzaron de lo ingenuos que fuimos haciéndolo. En momentos, tal vez no... Lo único que sé es que cuando todas esas flechas que se quieren exiliar están más cerca del blanco que del arco sin siquiera haberlas palpado, todo lo que podés ver es: nada.

Las experiencias y el conocimiento son totalmente consecuentes. No creo que mi abuelo haya podido extraer un sólo limón ni haber plantado el árbol, sin que antes alguien le haya enseñado a hacerlo. Probablemente haya fracasado numerosas veces, pero eso hace a la experiencia y a ésta se le acumulan otras en sumatoria las cuales seguramente, no todas fueron decepcionantes. Creo que la forma de tomar decisiones o describir evocaciones, es muy análoga a ésto. Supongo que a veces decimos demasiado cuando en verdad nosotros mismos o la otra persona, no estamos listos. Cuando lo que queremos expresar no esta listo...

Siempre se puede reflexionar e ir más allá de la puesta del sol, intentando explicar y entender tantas, pero tantas cosas...

Casi siempre funciona.
Ale Granero

2 comentarios:

  1. Interesante.. muy interesante.
    Me hiciste pensar, y acordarme de mi abuelo.
    Pero qué pasa si no es un limonero Ale? Si simplemente es un árbol, con frutos. Con naranjas...

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  2. che redactas bien ale eh jeje.. na posta redactas muy bien.. va siempre lo hiciste no es una novedad.. leo las cosas q escribis y pienso que tendrias q haber estudiado para ser periodista.. nunca lo pensaste? pensalo je creo q me voi a sumar a vos i me voi a ahcer uno d estos.. esta buenazo la verdad je

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