Como la mayoría habrá podido observar y escuchar durante gran parte del día 19 de agosto del 2009, se dictó la sentencia de los involucrados en el caso Cromañón; que, por si alguno de ustedes no recordara, consistía en que la justicia dictaminara quiénes serían los culpables de la tragedia sucedida a fines del 2004 durante un recital de Callejeros en dicho establecimiento, la cual se llevó la vida de 194 personas. El fallo determinó que el dueño y propietario del lugar en cuestión, Omar Chabán, cumpliría una condena de 20 años; mientras que el manager de la banda Diego Argañaraz y el subcomisario Carlos Díaz, recibieron 18 años. Por otra parte, las ex funcionarias Fabiana Fizbin y Ana María Fernández, fueron castigadas con 2 años de prisión y 4 de inhabilitación de ejercício de cargos. Finalmente, a Raúl Villarreal, asesor de máxima confianza de Chabán en ese entonces, se le dió 1 año de prisión en suspenso y trabajos comunitarios. La banda fue absuelta.
Después de que se dió a conocer esta información, una muchedumbre compuesta por padres de las víctimas, comenzó a expresar su fastidio por lo que consideraban una condena inaceptable, puesto que no concebían que el grupo musical haya sido absuelto de todo cargo. Golpeando las paredes de plástico que los separaba de los involucrados y más tarde, tirando vallas y agrediendo a la policía desde dentro de la sala de tribunales hasta la calle Lavalle, manifestaron su descontento. Los fanáticos de Callejeros, por supuesto, festejaron la absolución de sus ídolos.
A medida que escuchaba por la radio todo el suceso que se daba en el lugar, pensaba si en verdad serían sólamente 194 vidas las que se iba a cobrar Cromañón; pues parecía que serían más gracias a la violenta manifestación que se había iniciado. Afortunadamente, sólo hubo heridos que fueron atendidos a la brevedad. Sin embargo, la sentencia dictaminada, verdaderamente nos da qué pensar a tantas otras personas como yo, que no sufrieron la pérdida de ningún padre, hermano, hijo, madre, etc., en esta desgracia. Pues al fin de cuentas, todos somos argentinos y de alguna forma u otra, lo sentimos.
Supongo que algo que a muchos nos quedó dando vueltas en la cabeza, fue que, si bien la condena a algunos de los involucrados pareciera correcta, aún faltan algunas personas que estuvieron al comienzo y al frente de esta gravísima falta de control -no todas de conocimiento público, tal vez-. Personas como por ejemplo, el ex jefe de gobierno Aníbal Ibarra, quien al principio parecía ser uno de los mayores responsables de esta tragedia y de quien, a medida que pasaba el tiempo, se sabía cada vez menos. Personas que se encontraban por debajo suyo en la pirámide jerárquica de control hasta llegar a la poca seguridad que se proporcionó durante el recital, porque creo que al momento de hallar culpables, no queda duda en que desde Ibarra hasta quien encendió la pirotecnia dentro de Cromañón (probablemente una de las víctimas), deben ser procesados.
Siempre en este país las cosas se manejaron de esta manera, sólo que nunca se había dado tal desastre. La corrupción de los organismos de seguridad llegó a ser tan extrema, que estoy seguro que las coimas pasaban de mano en mano a la luz del día, pero la negligencia a un acto de esta naturaleza era igual de enorme. La cantidad de personas posibles dentro de Cromañón era bien conocida por Chabán y seguramente, también por Argañaraz, pero por supuesto, todos sabemos que a mayor venta de entradas, mayor ganancia. No sólo en este sentido resulta responsable el manager de Callejeros, sino también en no haber advertido esto a la banda. Personalmente, creo que ellos no observaron si había 1500 o 5000 personas debajo suyo durante el espectáculo, pero creo que deberían notarlo; y en efecto debería haberse indagado más acerca de la información que se le proveía al grupo de dónde realizarían sus shows, pues es totalmente relevante para determinar su grado de culpa. Después de todo, según ellos, no había nada que ocultar con su manager y siempre hablaban todo.
Pude escuchar por ahí, además, un dato muy iluminante sobre un espisodio increíble que se dió, al parecer, en la lucha por escapar de lo que comenzaba a ser un infierno luego de que se lanzó el tres tiros. Alguien, obviamente no se sabe si se encuntra con vida o no, dejó abandonado a un bebé en uno de los baños del lugar y creo que quien haya hecho tal aberración, debe estar junto con los condenados si aún se encuentra con vida. Al mismo tiempo, se me dijo que había niños de no más de 13 años sobre los cuales me pregunto si sabían sus padres a dónde estaban yendo sus hijos. No sabría decirles si me parecen culpables o no, porque estoy seguro que es suficiente cargar con tremenda pérdida y sentirse como se sienten. Esto me lleva a pensar bajo un punto de vista méramente curioso, ¿en qué estarían pensando aquellas personas que creyeron amena la idea de desplegar pirotecnia en un espacio cerrado tan turbio? Supongo que lo habrían hecho varias veces ya y nunca esperaban que sucediera lo que sucedió. Todavía recuerdo cómo durante un recital de Las Pelotas -creo-, un tiempo después, alguien tomó el micrófono y se dignó a no querer rememorar la hecatombe acontecida tiempo atrás, ordenándole a los fanáticos que apaguen la pirotecnia en pleno show.
Más tarde hoy, tuve la opotunidad de escuchar al abogado de Chabán por televisión y en verdad, no hubiese querido estar en su lugar. Los planteos que hacía me resultaban tan poco creíbles, pues intentaba no incriminar a su cliente y dejar en claro que no consideraba correcta la condena, cuando en verdad no tenía defensa alguna. Hayan muerto 194 personas o simplemente 1 porque asesinaron a alguien de un disparo, pienso que el dueño del lugar debe ser considerado culpable pues es quien se encarga de asignar la seguridad necesaria, tanto en la puerta como dentro del mismo.
Como pueden ver, según cómo se mire, podemos encontrar culpables a más individuos que los que la justicia determinó como tales. Sólo nos queda esperar que esto no signifique que tenga que haber otro episodio similar, imaginando que todos desempeñan su trabajo en forma decente y correcta. ¿O acaso no recordás la inmensa cantidad de controles que aparecieron luego de este suceso? Inspectores por doquier, controles en los boliches, en la calle, clausuras... Sin duda son siempre efectivos, pero en el momento preciso. De un fin de semana a otro, se le colocó control al control de los boliches, con policías vestidos en nombre de algun tipo de dirección de eventos públicos que observaba las entradas de toda persona a todo lugar concurrido.
Tarde muchachos, tarde...
Algo que hay que hacer en nuestro país, es empezar a mirar un poco más seguido adelante y no tanto atrás.
Ale Granero

