viernes, 19 de marzo de 2010

Energía


Si hay algo de lo que podemos estar seguros que sucedió a lo largo del tiempo, desde eras prehistóricas hasta la contemporaneidad conocida, es que el universo se fue modificando lentamente hasta obtenerse como resultado lo que es hoy por hoy. Gran parte de nosotros, asume la evolución humana de la que somos parte como un fenómeno natural guiado hacia una constante mejora de la calidad de vida, debido al continuo desarrollo de nuevas y más útiles técnicas y tecnologías. Por otro lado, sabemos también que hay una verdad mucho más cruda detrás, pues el asombroso y diminuto tamaño de un chip al mismo tiempo representa un menor espacio que ocupar al ensamblar cualquier arma de destrucción masiva.

Podemos llamarnos culpables de un proceso tan divino como humano...

Si bien el desarrollo se dio en escenarios globales diferentes, con ideas, pensamientos y conocimientos distintos, siempre existió algo que aun en estos días es la causa de toda conexión universal y que, creo yo, nos mantiene en un constante movimiento simultáneo, sincronizado, ordenado y progresivo. Dicho causal es la presencia de energía. De todo tipo. Se encuentra presente en toda unión de las ínfimas partículas materiales, pero también en el momento en el cual nos decidimos a comenzar el día al levantarnos de la cama. Toda reacción conlleva al menos una pequeña parte de su uso. Puede que lo tenga demasiado asimilado en la cabeza por ciertas cuestiones, pero lo que sin duda considero más interesante es que asombrosamente y de forma casi única, no sólo la encontramos conviviendo con nosotros, sino que aquella que pareciera perderse, de hecho sólo se transforma en otro tipo menos útil. A veces tal vez, de manera algo abstracta o invisible...

¿Acaso poseemos tantas cosas que cuenten con esta capacidad? Es decir, ¿que puedan modificarse sin perderse por completo? No me refiero simplemente a la vulgaridad de lo material, sino también a la pureza de cualquier vínculo personal, donde el cambio representa algo mucho más fuerte. Pues todo ser humano, por esencia, es único e irrepetible. Por lo tanto, desvirtuarse en función de alguna explicación incomprensible para superponer en lugar de complementar, es motivo de cuestionamiento. Sorpresivamente -y con el tiempo-, podríamos descubrir que alterarse no era lo indicado; que la forma de ver las cosas no era la incorrecta, sólo la alternativa. Así es cómo naufragan ideales, opiniones y personalidades inigualables.

El resultado positivo entre dos personas creo que está relacionado con un arriesgado encaje de engranajes que misteriosamente encastran en el momento más o menos esperado. Estos movimientos son los que desencadenan el uso de tanta energía y por eso la considero tan importante. Es que si bien pareciera que hay algo mágico detrás de dicho sistema, muchas veces es necesario emplearla para calibrarlo y ajustarlo lo mejor posible, aunque nunca de forma perfecta. Después de todo, la erosión es un proceso natural con el que debemos lidiar de por vida en todos los aspectos: naturales, mecánicos, humanos, etc. Pues así como el agua carcome los acantilados, también las asperezas lo hacen con instrumentos...y el tiempo con el hombre.

En definitiva, afortunadamente todos contamos con energía para hacer y deshacer; con la capacidad de generarla y transmitirla. No se si alguien sabrá decirme si estando solos o acompañados tendremos que usarla en mayor cantidad, pero creo que sí sé cuándo se siente mejor...

Usenla y transmítanla.

Conéctense.


Ale Granero

1 comentario:

  1. Bien ahi volviendo a subir cosas al blog :)
    Me gustó esto de la energía, interesante y me hiciste pensar un par de cosillas.. :/

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